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Pederastia y pedofilia

Lne/CdNC.info - La infancia, que, por lo general, es una etapa maravillosa para la mayor parte de las personas de los países desarrollados, suele transcurrir en medio de enormes carencias en los países subdesarrollados, donde los niños, con frecuencia, son enviados a la guerra, abandonados en la calle o prostituidos, en muchos casos, con la complicidad de sus progenitores.

Pero hay un hecho que afecta a todos los países, con independencia de su etnia y de su desarrollo económico o social, que es la pederastia (abuso sexual cometido contra los niños), con frecuencia asociada a la pedofilia (atracción erótica que algunos adultos sienten por los niños o las niñas, sin que ello implique un abuso sexual).

Se sabe que el abuso sexual existe desde tiempos prehistóricos, y a pesar de los cambios experimentados por la sociedad, la pederastia sigue siendo en pleno siglo XXI una lacra y un hecho repudiable en sí mismo, precisamente porque las víctimas de este abuso sexual son los niños.

Cada vez que sale a la luz un caso de pederastia con el desenlace de muerte por asesinato del menor es tema frecuente de noticiarios en prensa, radio y televisión.

El pederasta padece un trastorno del deseo sexual con una atracción patológica por los niños y/o las niñas; patología que, pese a diversas investigaciones, no ha podido ser determinada. Igual que un predador, el pederasta estudia a sus víctimas, busca los lugares donde se reúnen los niños, planea señuelos y espera el momento de mayor vulnerabilidad para realizar un ataque exitoso. Las nuevas tecnologías le permiten intercomunicarse e intercambiar información que alimenta su desviación sexual y optimiza su habilidad para alcanzar sus perversos propósitos.

Todos los especialistas coinciden en que es en el seno familiar donde más abusos de este tipo se producen y en la necesidad de que ante cualquier manifestación de un niño alegando abusos dentro o fuera del hogar sólo cabe la denuncia. Con la excusa de una progresía mal entendida, en Holanda existen asociaciones de pedófilos que reclaman la legalización de la pedofilia, por considerar que en ésta se cuenta con la aprobación del menor para sus relaciones sexuales y en muchos casos con el consentimiento de sus padres, sin tener en cuenta estas asociaciones que el niño es incapaz de discernir entre el consentimiento y la reprobación de lo que se le propone, ni prever el trauma que generalmente se desencadena en el niño objeto de la relación sexual.

Una sociedad avanzada es aquella que dentro de su legislación recoge todas las medidas necesarias para la protección y el desarrollo del niño; por tanto, es responsabilidad de los gobiernos poner todos los medios necesarios en manos de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo, para evitar la pederastia, tanto por la alarma social como por las nefastas consecuencias que de ella se derivan.

Existen terapias a nivel psicológico y farmacológico para el tratamiento de los pederastas, pero su eficacia no está, ni mucho menos, probada, puesto que el número de reincidentes es muy alto. Como consecuencia, lo único que cabe esperar es un endurecimiento de las penas aplicadas a los pederastas, un control exhaustivo de su rehabilitación (de muy difícil comprobación, al igual que ocurre con los violadores). En las cárceles no están los niños con los que luego se encontrarán en la calle y, por último, un seguimiento tras su excarcelación con la obligación de notificar cualquier cambio de domicilio a fin de que los ciudadanos o, como mínimo, las autoridades responsables en la lucha contra la delincuencia en la zona del domicilio receptor puedan establecer un control más estricto del individuo en cuestión.

Ayude a sus adolescentes a decir ¡NO! a la presión sexual

Metanoia Musikal/CdNC.info - Hay una razón básica para abstenerse de la relación premarital: porque Dios lo dice. Si Él dice que el sexo prematrimonial está prohibido (y lo ha dicho) entonces es causa suficiente para refrenarse de tal conducta. No obstante, Dios nos ha dado numerosas razones para obedecer su mandamiento y es vitalmente importante conocerlas porque es conocer el por qué.

Tenemos ocho buenas razones para que tu adolescente espere, cuatro son beneficios y las otras cuatro consecuencias.

El esperar favorece una relación personal, más que física. Todos deseamos una relación de amor íntimo y el sexo es la expresión física de esa relación. Pero es sólo un reflejo de intimidad, no la causa. Cuando el sexo está primero que una relación personal, no deja que el verdadero amor se desarrolle.

El esperar desarrolla el carácter. El sexo está diseñado para experimentarse entre dos personas casadas, construido sobre autocontrol, disciplina, sensibilidad, paciencia, compromiso, confianza y fidelidad. Cuando está gobernado por esas cualidades capacita a la pareja para gozar de grandes profundidades en intimidad y unidad. Cuando esto se halla en el carácter, son el fundamento para la continuidad y la satisfacción de una relación y del matrimonio.

El esperar asegura una relación confiable. La confianza es fundamental para el matrimonio. Cuando un esposo o una esposa sabe que el otro ha esperado, se fortalece el factor de confianza. Si un hombre y una mujer pueden esperar hasta el casamiento para consumar el sexo, hay una confianza agregada de que él o ella se mantendrá fiel después del matrimonio.

El esperar construye una buena autoestima. El esperar desarrolla el carácter y, mientras el adolescente ve que así sucede, su autoimagen mejora.

No esperar significa tener recuerdos con qué batallar. Una de las bellezas de nuestra mente es su capacidad para recordar. Es así que los recuerdos de experiencias sexuales pasadas vuelven a rondar como «fantasmas sexuales». Decenas de jóvenes me han contado cómo batallan contra el miedo de la «comparación», al relacionar el presente con el funcionamiento sexual de otras parejas. En muchos casos, esta ha destruido la relación. Aun años más tarde, burlándose de la saludable relación o matrimonio, esos fantasmas pueden retornar.

El no esperar carcome la autoestima. La culpa y los remordimientos acompañan generalmente a las relaciones prematrimoniales. Si no se trata debidamente, devastará la autoestima de una persona joven.

El no esperar significa la posibilidad de embarazo. Un embarazo no planeado causa inmenso sufrimiento a la chica, al muchacho, a los padres y al bebé.

Hay 34.000 otras razones para esperar. Ese es el número de nuevas enfermedades por transmisión sexual que se reportan diariamente. Las consecuencias de estas enfermedades incluyen dolor físico, daños cerebrales en los recién nacidos, esterilidad y aun la muerte.

Siempre que Dios emite un mandamiento negativo tal como «¡Espera!», lo hace con dos motivos positivos: protegernos y proveer para nosotros. Él sabe que si el sexo va a ser importante, deberá ser experimentado dentro de cierto contexto. Sus leyes, restricciones y mandamientos establecen los beneficios y es la guía que define amor, relación y matrimonio en su máxima expresión. Es liberador saber que la motivación de Dios para prohibir algunas cosas es para protegernos de influencias destructivas y proveernos de todo lo que necesitamos física, emocional y espiritualmente.

El rey David es un ejemplo de cómo el violar los mandamientos morales de Dios trae dolor al corazón. Después que David cometió adulterio, Dios dijo: «Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más» (2 Sa. 12.7, 8).

Sin embargo David «estimó de poco valor» la provisión de Dios y trató de satisfacer sus necesidades a su manera. Esto resultó en muerte, violación, conspiración y disturbio. Pero a través de ello, la misericordia de Dios era evidente. En el Salmo 37.4, 5 David expresó cómo aprendió luego a confiar en un amante Dios que estaba deseoso de proveer y era capaz de hacerlo para todas sus necesidades y protegerlo del mal.

Tanto como sea posible, explícale al adolescente las razones que están detrás de las restricciones que pones sobre él. Comunícale que sólo quieres lo que es mejor para él. No te sorprendas si se enoja contra ti. La mayoría cree que «sabe lo que es mejor» para su vida, pero tú mantente en la postura. Tarde o temprano, el punto principal será entendido: que tú lo amas, y que los límites de tu amor, que provienen de un amante Dios, son para protegerlo y proveer para él.

Dos encuentros religiosos relacionados con la homosexualidad

La Voz/CdNC.info - En Córdoba habrá en mayo dos encuentros religiosos relacionados con la homosexualidad: uno considera que es una enfermedad e intenta “sanar” a los gays. El otro, en cambio, busca incluirlos en el cristianismo, con su diversidad.

¿Se puede ser religioso y homosexual? “No”, responderían las posiciones oficiales. Es que si hay un punto en que las religiones en general concuerdan, con algunas excepciones, es con la prédica de la homosexualidad como pecado.

Y en mayo, Córdoba será sede de dos encuentros paralelos que tienen miradas opuestas en la convergencia entre la homosexualidad y la religión: el de los cristianos que dicen “sanar” la primera y el de otros cristianos que buscan conciliar su fe con su elección sexual.

Dios está en todos lados, pero te quiere heterosexual. No lo dice así, no es el lema explícito, pero con eufemismos incluso en su nombre, el Ministerio Restauración, una agrupación de raigambre evangélica, forma a líderes espirituales en lo que llaman “el proceso de sanación” de los homosexuales para que luego vuelquen sus conocimientos en su iglesia de origen. Funcionan en Córdoba desde hace ocho años y hace cinco realizan estos encuentros de formación.

Enterados de la próxima capacitación del Ministerio Restauración –que se realizará del 18 al 24 de mayo en La Falda–, y con el propósito de hacer conocer en la provincia una alternativa con una mirada inclusiva, Cegla (Cristianos GLTB –gays, lesbianas, trans y bisexuales–), vendrán desde Buenos Aires a Córdoba, también en mayo. El lema será: “Porque la fe en Cristo y la homosexualidad son compatibles”.

“No somos una ‘iglesia gay’. Somos una agrupación de gente que se ha reunido para ayudar a otros para que no les suceda lo mismo que nos sucedió a quienes comenzamos esto. Estuvimos años luchando contra nuestra sexualidad, intentando reprimirla. Nos inculcaron la culpa sólo por sentir atracción”, cuenta Marcelo Sáenz, quien además de ser el fundador de la agrupación dedica su vida a su profesión de ingeniero.

Cegla comenzó sus actividades hace cinco años y hace tres que se reúne en una iglesia metodista en Buenos Aires (“porque tienen una mentalidad más progresista”, dice Marcelo) y aclara que si bien él se formó como evangélico, “están abiertos a todas las personas que tienen una base cristiana; también a los judíos”.

Y explica: “No predicamos un evangelio, ni convencemos a nadie en lo religioso. Sólo buscamos la comprensión de qué es lo que dice la Biblia, porque en definitiva se recurre a la Biblia para justificar la condenación. Lo cierto es que no existe un argumento sólido que pueda sostener que en la Biblia se condena el amor entre dos personas del mismo sexo”, asegura.

La “sanidad”. La negación de la homosexualidad como enfermedad es un acuerdo global a nivel científico. La Organización Mundial para la Salud (OMS) la quitó de su nomenclatura hace casi dos décadas y la Asociación Americana de Psiquiatría lo había hecho en 1973. Sin embargo, desde el Ministerio Restauración buscan, según cómo lo publicitan en su página web, la “sanidad de la homosexualidad” o su “restauración”.

Eso sí: Mauricio, uno de los miembros de la agrupación, se encarga de aclarar que, contrario a lo que pareciera, su propósito no es condenar la homosexualidad. “Nuestro propósito es de compasión, misericordia, gracia, para nada es de condenación. Es para aquellas personas para quienes la homosexualidad representa un martirio”, dice.

“Tenemos que recurrir a lo que el Creador de nuestra humanidad nos dice. Él está interesado en reencauzar todo aquello que haya sido roto, quebrado. Hay personas que pueden dar fe de que Dios les ha restaurado su condición homosexual”, explica Mauricio.

Y cuenta que la agrupación hasta ahora sólo se promociona por medios cristianos, como Radio María, porque, reconoce, hay personas que no comparten lo que hacen. Cuenta que alguna vez hubo quejas y manifestaciones con pancartas. “Son personas que no comprenden lo que hacemos, que no comparten el tema de la fe”, asegura.

Es más, si un líder se quiere inscribir en estas capacitaciones, podrá leer en el sitio web algunas recomendaciones: “La homosexualidad y la idea de que una persona puede ser sanada es un tema candente en nuestra cultura y puede a veces provocar debate. Considere si su iglesia podrá arriesgarse a entrar en el debate acerca de la homosexualidad”.

Y continúa: “¿Están usted y su iglesia dispuestos a ser vistos como ‘intolerantes’ por aquellos que han adoptado a la homosexualidad como normal e inmutable?”, “¿Podrá lidiar usted con las personas que lo acusen de ser odioso por apoyar uno de estos grupos de ayuda?”.

En la misma página de Internet se puede adquirir por cinco dólares conferencias en formato MP3 como: “Cómo Jesús me liberó del lesbianismo”, “cómo establecer un ministerio de sanidad en su iglesia”, “la sanidad de la homosexualidad y del lesbianismo”, o por 13 dólares “tras la integridad sexual: cómo Cristo sana al homosexual” y muchos más.

La agrupación, dice Mauricio, “no es una isla” pues responde a dos organizaciones internacionales que tienen su fuerte en Estados Unidos: Living Waters y Exodus. En Argentina “somos cristianos, católicos evangélicos, carismáticos, evangélicos pentescostales, evangélicos bautistas”, cuenta.

Cuando se le pregunta por qué no se puede conciliar la religión y la homosexualidad, Mauricio tiene su argumento: “Dios cuando nos creó tuvo un propósito, nos creó con límites. Cualquier cosa fuera del pacto heterosexual del matrimonio, o relaciones sexuales antes o fuera del matrimonio no es el propósito de Dios. Todo lo que sea desbordado, desorientado, todo lo que esté fuera de estos límites no es el propósito de Dios”. Amén.

Para saber más
Cegla. En www.cegla-argentina.com.ar o al teléfono (011) 4706-1077.

Ministerio Restauración. En www.restauracion.org.ar